Nuestra
afectividad actúa como disparador hacia objetivos que nos movilizan. Los
niveles de operación se desarrollarán de acuerdo a nuestras capacidades lógicas.
Toda actividad humana que implique racionalidad, requiere de estos factores
interdependientes: afecto-operación. La
observación cotidiana nos indica que cuanto menos nos involucremos con nuestro
objetivo, mayor el nivel de perfomance.
Así hemos aprendido la importancia de la disociación emocional en nuestra
labor, obteniendo mayores niveles de productividad en la misma. H.
Wallon, psicólogo francés, aludía a esto de la siguiente manera: el
desarrollo humano se construye por estadios. El primero corresponde a emociones
básicas ( dolor, frío, calor, saciedad, insatisfacción, placer, etc.),
que se modelarán según nuestras experiencias personales. Nuestro
desarrollo ulterior adulto, dará cuenta de esa estructuración sensitiva.
Pensemos que ante cualquier situación que debemos afrontar y de carácter
conflictivo, emerge a nivel piel sensaciones incontrolables, que denotan
nuestra peculiar sensibilidad. Las
sucesivas reiteraciones de un mismo proceso irán condensando/controlando, o
no, las emociones concomitantes al mismo. El grado
de interferencia afectiva estará condicionado tanto por nuestro tipo de actividad como nuestra personal organización del estadio emocional.
Quien pueda lograr en su praxis respectiva, transformar a tales emociones en un
disparador de conductas logrará el mayor grado de disposición de sus
capacidades operativas. Tales capacidades dependerán del desarrollo individual
del estadio lógico, del final del proceso evolutivo previo a la joven adultez.
Contrariamente, quien no pueda llegar a controlar tal interferencia, operará
deficientemente en su labor según el grado de control respectivo, hasta poder
llegar a la inoperancia. Un ejemplo clásico de “superación” de sus emociones es
el del estudiante de medicina, frente a la dura cotidianidad hospitalaria. La
práctica irá paulatinamente controlando su escrupulosidad como angustia, hasta
llegar a la criticada insensibilidad del médico hacia el paciente hospitalario.
Como define Aristóteles, la virtud es el punto medio entre dos
extremos...
El estadio del
desarrollo lógico precitado, será el que materialice nuestras futuras
habilidades cognoscitivas. En él se logrará el nivel de nuestras capacidades de
abstraer, globalizar y sistematizar, que condicionaran nuestra
conceptualización ulterior. Wallon, aludía que la coexistencia
"simultanea" de nuestra estructuración del estadio lógico con
la del emocional, invalidaría la operación en ejecución. Es decir que
son incompatibles. Deben actuar
separados: el emocional como disparador de conductas y luego, el lógico
para operar. Esta secuencia garantiza el mayor nivel de perfomance del sujeto.
La coexistencia emoción-lógica, que invalida nuestro accionar operativo,
está presente asiduamente. No es privativa de la emergencia, o la
reyerta familiar que la caricaturiza. Influye en todo nivel, inclusive el científico.
Veamos algunos ejemplos de tal interferencia:
Una cruel experiencia con un animal, nos demuestra la real incidencia de
lo emocional en el accionar operativo. Un perro famélico, junto
a comida apetecible/necesaria para él dada su privación circunstancial
inducida, interponiéndose entre tal alimento y el can una reja cuadriculada de
alambre de 2x2 m. Podía verla pero no tomarla, pudiéndolo hacerlo si recorría
la extensión de la reja/obstáculo. Iniciado el experimento, este animal
centrado frente a la reja, embargado por su hambruna, no pudo resolver el
problema que se le planteaba. Compulsivamente trataba de saltarla, lo cual le
era físicamente imposible, cayendo finalmente desmayado sin lograr su objetivo.
El perro es un animal emotivo, que ha podido desarrollar operatorias complejas
en un medio equilibrado. El exceso de presión emocional impidió lograr una
operatoria adecuada. Así podemos actuar los humanos en circunstancias de
extrema emergencia (naufragios, incendios, etc.). Dos científicos argentinos
habían desarrollado un sistema que involucraba sensores, equipos electrónicos,
software, etc., que les permitía medir las respuestas más adaptadas en
emergencias como las referidas anteriormente. No sé en
qué término tal investigación, promocionada en un programa del canal oficial
- ATC- a fines de los 70 (Proyecto
2000/LOZANO). Asociándolo con el progreso tecnológico actual, hubiese
resultado interesantísimo extender tales mediciones a las experiencias
cotidianas, en las cuales las emociones juegan sutilmente. La coexistencia emoción-lógica, que
invalida nuestro accionar operativo, esta presente asiduamente. Influye en todo
nivel, inclusive el científico. Solo basta con rastrear la historia del
conocimiento. Desde la razón o la experiencia - confrontándose
ambas como excluyentes- hasta el surgimiento
de su interrelación que las integra, el intelectualismo, transcurrieron
siglos... ejemplos por doquier en el campo científico.
En definitiva, es el dominio emocional el
que nos permite que discriminemos nuestros intereses / deseos, del objetivo deseado/ buscado.
Permitiendo así que emerjan nuestras conductas operativas lógicas que tornan
productivos nuestros anhelos personales o los que representamos. Diferenciarnos
como sujetos del objeto para
lograr una operatoria productiva. Podríamos efectuar una discriminación
didáctica, no sé si científica, entre sensibilidad y emotividad.
A aquella, como la percepción de nuestras sensaciones que actúa como disparador
de nuestras conductas operatorias productivas. A emotividad, como los
sentimientos que involucra al sujeto con el objeto perseguido, generando
conductas deficientes y/o inoperantes, obviamente cuando nos referimos a
procesos racionales. Bienvenida sea la emotividad para otros sucesos no
racionales...
4.4
Una hipótesis tentativa de los niveles de inteligencia